SERIE MISSE 2026 - 03

El mapa contra la voz: el choque de la realidad en las primeras expresiones comunitarias

El espectro que camina antes que nosotros: la ontología del rumor
Ricardo Pérez Schechtel, Urbanismo en Movimiento
Solemos creer, desde la comodidad del gabinete, que somos los primeros en trazar las líneas sobre el plano. Nos engaña la pulcritud de las capas georreferenciadas y la frialdad de los datos del Registro Agrario Nacional. Sin embargo, cuando pisamos por primera vez la terracería de una comunidad donde se proyecta un desarrollo energético, descubrimos que un espectro invisible ha llegado meses antes que nuestros vehículos: el rumor.

El rumor no es un fenómeno accesorio ni un simple malentendido remediable con un folleto corporativo. Es una estructura narrativa orgánica y subterránea. El tejido local, al percibir las primeras mediciones topográficas en frío o los movimientos inusuales de camionetas o personas ajenas al paisaje, activa sus mecanismos de defensa cognitiva. Ante el silencio del promovente o la autoridad local, el “Mundo de la Vida Comunitaria” llena el vacío de información combinando sus memorias de despojos históricos y frustraciones con sus aspiraciones colectivas más profundas.

Operamos en un escenario donde el mito y la sospecha poseen una validez ontológica superior a cualquier memoria técnica. Nos topamos con relatos instalados en la asamblea: desde la pérdida total del agua por tecnologías mal comprendidas, hasta la promesa mesiánica de empleos que resolverán la pobreza de tres generaciones. El rumor es, en esencia, la primera manifestación de un sujeto social que se sabe observado como objeto de inversión y reacciona desde su trinchera cultural. Ignorar esta atmósfera inicial, o pretender subordinarla de inmediato a la racionalidad técnica del proyecto, es el primer paso hacia el colapso de la viabilidad social.

El desgajamiento de la abstracción cartográfica

Buscamos descifrar el territorio sabiendo que el mapa nunca es el terreno. Las Disposiciones Administrativas de Carácter General sobre la Manifestación de Impacto Social (MISSE) de la SENER, vigentes desde febrero de 2026, nos obligan a definir de manera estricta las áreas de influencia del proyecto. Pero la línea poligonal trazada en el software de gabinete sufre un desgajamiento violento cuando confronta la voz viva de la comunidad.

El plano nos decía que el trazo de la línea de transmisión cruzaba por parcelas ociosas de propiedad social o formaba parte de alguna de las áreas de influencia del proyecto. La voz del ejidatario, cargada de una memoria que no se registra en el INEGI, nos revela que esa “tierra baldía” es el espacio donde las familias recolectan plantas medicinales, el sitio exacto donde la escorrentía estacional alimenta el único abrevadero comunitario o el lugar en el que se encuentran las plantas nectaríferas o melíferas donde concurren abejas de apiarios distantes a 5 o 6 kilómetros. Lo que el Excel catalogaba como un activo inerte, la realidad humana lo presenta como un órgano vital del territorio.

Es ahí donde el consultor senior experimenta la ruptura de la razón instrumental. Comprendemos que las metodologías rígidas no son recetas de cocina. Quien llega al campo pretendiendo que la comunidad se adapte a sus cronogramas de inversión, en lugar de adaptar sus herramientas a las dinámicas del aula comunitaria, termina atrapado en su propia ceguera técnica. El mapa nos da la ubicación; solo la voz nos entrega el sentido del lugar.

La aduana de la seguridad: disputas, cacicazgos y control territorial

A esta complejidad interpretativa se suma el ingrediente más disruptivo para el promovente: las condiciones reales de seguridad y gobernanza fáctica en el territorio. Los proyectos de infraestructura energética suelen desplegarse en áreas rurales donde la soberanía del Estado comparte el espacio con otras dinámicas de control. El consultor senior no solo se topa con un tejido social expectante, sino con fronteras invisibles trazadas por la disputa de la delincuencia organizada o por añejas fallas geológicas locales.

Operamos en regiones donde los linderos agrarios mal resueltos por décadas se convierten en polvorines ante la expectativa del capital industrial. Nos enfrentamos a la persistencia de encuadres caciquiles clásicos, donde liderazgos corporativos u oligarquías locales pretenden monopolizar la representación comunitaria para capturar los beneficios del proyecto. Confundir la voz de un cacique con la voluntad de una asamblea es un error fatal de lectura.

Aún más complejo es el despliegue en zonas de alta intensidad delictiva. Aquí, el primer contacto físico no es solo un reto metodológico; es una operación de alta precisión que exige descifrar los códigos del silencio, los horarios permitidos del territorio y la neutralidad absoluta frente a los actores fácticos. El mapa de gabinete nunca advierte dónde termina la autoridad del comisariado ejidal y dónde empieza la gobernanza de la sombra. Sin un blindaje experto, el proyecto puede convertirse involuntariamente en el detonador de conflictos latentes o en el botín de disputas territoriales ajenas a la energía.

La Acción Comunicativa frente a la inercia del “checklist”

Nuestra aproximación rechaza de forma tajante el asistencialismo y las relaciones públicas tradicionales. Siguiendo las directrices éticas de la gestión social moderna, el primer contacto físico debe estructurarse como un ejercicio de Acción Comunicativa. Invocamos aquí a Jürgen Habermas, el último gran pilar de la Escuela de Frankfurt, quien, en su célebre Teoría de la acción comunicativa, postula que el entendimiento mutuo solo es posible cuando los actores renuncian a la manipulación estratégica y se reconocen recíprocamente como interlocutores válidos. Llevar esta tesis al campo implica desmontar la asimetría del poder técnico para dar paso a un diálogo entre sujetos dotados de igual dignidad.

Cuando operamos en estas primeras interacciones, el mayor peligro es caer en la tentación del “checklist” de validación rápida. Una reunión comunitaria abordada bajo la lógica de la razón instrumental —es decir, ver a los asistentes como meras firmas para un acta de asistencia que satisfaga el expediente de la SENER— despierta de inmediato las alarmas de la sospecha territorial. La comunidad detecta el lenguaje condescendiente y la urgencia corporativa.

Para que los co-beneficios o Beneficios Sociales Compartidos adquieran un carácter vinculante y duradero, el disenso temprano debe ser bienvenido y decodificado. Si la comunidad grita, reclama o interrumpe, no estamos ante un obstáculo al desarrollo; estamos ante la manifestación legítima de una colectividad que exige ser reconocida como interlocutora válida. Nuestra labor no es silenciar la queja con promesas de infraestructura, sino integrarla como la materia prima fundamental para el codiseño técnico-jurídico de una gobernanza permanente.

Tensiones estratégicas del desembarco: el imperativo del acompañamiento experto

La experiencia práctica nos demuestra que la transición del mapa a la voz no se resuelve con manuales estáticos, sino mediante la gestión de vectores críticos que definirán la viabilidad del proyecto durante toda su vida útil:

  • La temporalidad de la confianza: equilibrar el ritmo financiero del inversionista con los tiempos orgánicos de la gobernanza local para evitar respuestas defensivas de la asamblea.
  • La calibración del pulso comunitario: diferenciar los reclamos nacidos del trauma histórico y el rumor de aquellos que responden a intereses faccionales o dinámicas caciquiles de extorsión.
  • La neutralidad en entornos de alta complejidad: mantener una postura de estricta gestión social que evite que el proyecto sea instrumentalizado por facciones locales o poderes fácticos en zonas de riesgo.
  • El diseño institucional de la licencia social: transformar el choque de las primeras interacciones en una estructura formal de diálogo que proteja los datos personales y siente las bases de un comité tripartito (comunidad, autoridad, Promovente) perdurable.

Al cerrar esta primera etapa de confrontación entre el mapa de escritorio y la voz de la tierra, el consultor social no regresa a la oficina con respuestas definitivas, sino con la certeza de que la licencia social no es un documento que se obtiene una vez y se archiva. Es un proceso vivo de gobernanza vinculada, que se va construyendo y modificando en el tiempo. Los fantasmas del Excel han cobrado rostro, nombre y memoria; solo mediante un acompañamiento técnico y ético sostenido en el tiempo será posible consolidar los Beneficios Sociales Compartidos bajo los principios de la Economía Social de Mercado.

El regreso al silencio: cuerpo, mente y el origen de las ideas

Al volver de estas intensas jornadas de campo, solemos sentarnos frente al escritorio con la intención de ordenar las fotografías, pasar en limpio las anotaciones del cuaderno de ruta, recuperar grabaciones, revisar minuciosamente las firmas en las hojas de asistencia o resolver las comprobaciones de viáticos. Sin embargo, a la par de la tarea técnica, suele invadirnos una sensación de vacío. Estamos ante lo que los especialistas denominan el choque por caída de adrenalina o la depresión post-adrenalina.

Aunque los compromisos del proyecto marquen un nivel de urgencia implacable, lo más recomendable para el consultor en este punto es detenerse: hacer caminatas cortas, buscar el contacto con espacios tranquilos como un parque urbano, realizar movimientos suaves con el cuerpo, respirar de forma consciente y consumir abundante agua, pues el organismo necesita quemar los residuos acumulados de cortisol y adrenalina, liberados durante el trabajo de campo. Una vez recuperado el equilibrio físico y mental, los invitamos a reflexionar sobre dónde radica la verdadera raíz de los Beneficios Sociales Compartidos, quién los inventó y qué genética histórica presentan.

Tras este necesario descanso, les compartiremos nuestra siguiente entrega, titulada De Frankfurt al Istmo: Las raíces filosóficas que explican por qué la energía limpia debe ser socialmente justa. Seguramente nos encontraremos en algún parque.

Sobre el autor

Ricardo Pérez Schechtel escribe sobre territorio, desarrollo social y sector energético, desde una trayectoria que ha cruzado la política pública, la planeación y la gestión de riesgos. Formado en gestión ambiental y comunicación social en Chile, Argentina y México, durante más de dos décadas lideró de manera pionera el diseño de políticas públicas en México bajo un enfoque territorial y de coordinación multinivel para la operación en campo.

Por más de una década fue representante de México ante el Grupo de Indicadores Territoriales de la OCDE y formó parte del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE). Su visión profesional integra la sostenibilidad y la comunicación como una herramienta transversal indispensable para el éxito de los proyectos. Hoy lleva esa mirada territorial a los proyectos que desarrollamos en Urbanismo en Movimiento.

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Cómo citar este artículo

Pérez Schechtel, R. (2026). El mapa contra la voz: El choque de la realidad en las primeras expresiones comunitarias. El espectro que camina antes que nosotros: La ontología del rumor. Urbanismo en Movimiento (Serie MISSE 2026 - 03).
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