El desarrollo de un proyecto fotovoltaico de gran escala en Chihuahua, con una capacidad instalada de 199 MW y una superficie aproximada de 1,550 hectáreas en terrenos de régimen ejidal, requería comprender de manera conjunta las condiciones sociales, ambientales y productivas de un territorio fronterizo marcado por condiciones climáticas extremas y una creciente presión sobre los recursos hídricos.
La evaluación consideró 59 localidades rurales dispersas y permitió identificar condiciones estructurales que podían influir en el desarrollo del proyecto: dependencia económica de la agricultura, escasez de agua, aislamiento territorial, presencia de población jornalera indígena migrante y una marcada diversidad cultural, con comunidades católicas, menonitas y mormonas.
El reto consistió en construir una lectura socioambiental integrada capaz de reconocer cómo estas condiciones se relacionaban entre sí y qué implicaciones podían tener para la viabilidad territorial del proyecto y para el diseño de estrategias diferenciadas de gestión e inversión social.
Para abordar las condiciones identificadas se integró los componentes social y ambiental mediante trabajo de campo simultáneo, construyendo una lectura conjunta de los riesgos, oportunidades y dinámicas territoriales asociadas al proyecto. Este enfoque permitió analizar de manera relacionada las condiciones ambientales, productivas y comunitarias presentes en el área de influencia.
La estrategia incorporó procesos de diálogo con actores locales y el análisis de las distintas formas de organización y dinámicas sociales presentes en las 59 localidades caracterizadas. La diversidad cultural, la dependencia de actividades agrícolas, la presión sobre los recursos hídricos y las diferencias entre comunidades hicieron necesario evitar respuestas homogéneas y comprender las particularidades de cada contexto.
A partir de esta lectura integrada se desarrollaron estrategias diferenciadas de gestión e inversión social, adaptadas a las condiciones, capacidades y oportunidades identificadas en el territorio. El enfoque permitió pasar de una caracterización general del área de influencia a propuestas específicas para responder a realidades sociales, productivas y ambientales distintas.

La evaluación socioambiental generó información estratégica para sustentar el desarrollo del proyecto y sus procesos regulatorios, integrando en una misma lectura las condiciones ambientales, sociales y productivas del territorio. Como resultado del proceso de evaluación, el proyecto obtuvo la autorización ambiental, consolidando un hito relevante para avanzar en su desarrollo.
Se diseñaron10 programas de inversión social y Beneficios Sociales Compartidos a partir de las condiciones identificadas en las 59 localidades caracterizadas. Las propuestas se orientaron al fortalecimiento de capacidades locales, diversificación económica, gestión sostenible del agua, educación, participación comunitaria y desarrollo productivo, respondiendo a las características sociales, culturales y económicas de cada territorio.
El resultado fue una estrategia que vinculó la evaluación socioambiental con acciones concretas para ampliar las oportunidades de desarrollo local y fortalecer la relación entre el proyecto y su entorno, particularmente en una región con alta dependencia de las actividades agropecuarias y presión creciente sobre los recursos hídricos.



